lunes, 28 de enero de 2013

Los columnistas hacen humor con los escándalos y los escandalizadores

El ventilador de Amy Martin




Juan José Téllez 

Creo cada vez en menos ideas, pero en las pocas que me quedan creo mucho. Lo único cierto es que nadie tiene toda la razón todo el tiempo. Aprendí periodismo en las viñetas de "Lucky Luke", en aquel diario del Far West cuya imprenta atacaban los forajidos y cuyo lema era: "Independiente siempre, imparcial nunca". Me dedico también a la literatura pero, ¿el periodismo no lo es también?  

Cuanta más hambre en el reino, más prosperan los bufones. El paro por las nubes y la esperanza contra las cuerdas. A falta de utopía que llevarnos a la boca, hemos sustituido lo de proletarios del mundo, uníos, por el refrán más frecuente en los últimos tiempos, el de toma el dinero y corre. El personal trota que se las pira camino de un clavo ardiendo, pero ya no queda nadie que salga de su escondite y grite por mi y por mis compañeros, como en los viejos juegos infantiles. Money, money, money. Vamos camino de la república de Weimar o de algo peor, pero sin derecho a Liza Minelli luciendo muslamen entre un taburete y un bombín inolvidables. Bienvenidos al cabaret.
Cuando roba, la derecha hace negocios y la izquierda hace el ridículo.
Dinero llama a dinero pero da la sensación de que al PSOE la bruja Lola le hubiera puesto velas negras. Los socialistas no suelen tener estilo a la hora de mangar, así que tampoco guardan mucho glamour cuando le mangan. A Jesús Caldera, esta semana, se le puso cara de yo no fui, pinta de timo, gesto de Lina Morgan en La Tonta del Bote: el estrambótico caso de Amy Martin demuestra a las claras que Ferraz no tiene quien le escriba y que pone un circo y le crecen los enanos.
Después del huracán Luis Barcenas, con epicentro en el PP y con vientos de hasta veintidós millones de euros en los bancos suizos, quedan apenas en chiste de Lepe las fuertes rachas de levante de cincuenta y tantos mil euros del ala que han desplumado a la Fundación Ideas a través de una empresa creada por su director, Carlos Mulas, y por su ex, Irene Zoe Alameda: qué buenos nombres, por cierto, para protagonizar una telenovela de amoríos y de avaricia, un Falcon Frest de quiero y no puedo, un Dallas de mentirijillas.
Lo de La Gurtel, en cambio, es más fashion, gente que acude al juzgado con la misma prestancia que iban a las bodas de El Escorial. Lo del Caso Palleróls, lo de Urdangarín retirado de la web de La Zarzuela como a Marichalar lo desahuciaron del Museo de Cera; todos esos escándalos de campanillas, de los de cuadros de Miró en el cuarto de baño o aeropuertos donde entrenan los fórmulas 1, suenan más bien a aquel viejo serial de “Los ricos también lloran”. Los pufos del PSOE resultan, en cambio, un burdo remake de “La familia y uno más”, como los Eres falsos de Andalucía o como esta pantomima de amigos y parientes que escriben artículos que tú mismo encargas, a cambio de tres mil euros la pieza, justo en vísperas de este tiempo raro cuando los periodistas ya no pierden un empleo sino que están perdiendo, sencillamente, un oficio.
En la FAES, dirán sus asesores respingando la nariz en las pistas de paddle, al menos cobramos más, somos de carne y hueso y hemos conseguido la plusmarca de mayorías absolutas en este país que ahora votaría en masa al no sé no contesto.
En Génova 13 compraban esta última semana cualquier ventilador que aventara las sospechas de que haber sido tesorero del PP es la mejor garantía para convertirse en hijo adoptivo de Ginebra o para regentar en Argentina un latifundio tres veces mayor que Barcelona. Y entonces apareció este fraude de chuflas, lechuguinos y perendengues, para convertir ale hop a la víctima en verdugo como un disfraz que anticipe los inminentes carnavales. ¿A quién trajinaron el clan de los Mulas? Al PSOE. ¿Quién diría que ha trincado, en cambio, la tan desinformadamente informada opinión pública? El PSOE. Está demostrado que los socialistas deben haberle declarado un Ere a su departamento de marketing y relaciones públicas.
En realidad, Mulas es un patriota que reivindica la memoria de Rinconete y Cortadillo, la del buscón o la tradición de los murcios que acudían en tropel a la conquista de Túnez y a servir al duque en el finibusterrae de la picaresca, aquellas almadrabas donde se jugaba a la trincalina con peores artes que las que José Sazatornil Saza desplegaba en una célebre montería cinematográfica para conseguir que un ministro franquista le concediera la imposición de los porteros automáticos, en todo el país, por decreto ley.
Sin embargo, quizá todo esto no sea más que una cortina de humo y que Carlos Mulas, en realidad, tal vez no más estuviera preparando un trabajo de campo para una nueva edición, corregida y ampliada, de su célebre opúsculo “Corrupción, cohesión social y desarrollo” en no se sabe donde.
Pasa en las mejores familias. Ocurrió a lo grande en el PP y Mariano Rajoy, que ahora ve nítidamente las grúas y las obras que prosperan en Chile, no vio con suficiente anticipación la realidad sobrecogedora que se rodeaba a su despacho y ahora encarga auditorías como si alguien sensato fuera a creérselas. ¿Es comparable un pufo con otro? La Gurtel liberal-conservadora puede ser la aventajada prima hermana de Filesa y otros latrocinios socialdemócratas, pero compararla con lo de la Fundación Ideas, por cantidad y calidad, sería como equiparar a James Bond con Torrente.
PP y PSOE se equivocan, en cambio, si entran en la dialéctica del “…y tú más”. En un tweet, esta semana, cuando se anunciaba la posibilidad de un pacto sobre la corrupción entre ambas fuerzas políticas, alguien añadía: pero no han dicho si será a favor o en contra. La corrupción –como sabe la legión de gente honrada que milita y que vota a cualquiera de esas o de otras formaciones– no es de izquierdas ni derechas. La corrupción es sencillamente un crimen.
No obstante, el efecto que buscaba el partido del Gobierno se ha logrado. Totum revolutum. Welcome, wilkommen, bienvenue al cabaret de las corruptelas. Todos los políticos son iguales, cantan los estribillos de quienes pueden soñar con votar a un salvapatrias que acabe con las libertades con el pretexto de acabar con los mangantes. A quienes se sientan tentados de esa última querencia, convendría recordarles que Hortensia Romero, alias La Legionaria, aquel personaje recreado por Fernando Quiñones, siempre lo tuvo muy claro y solía decir en sus célebre mil noches que con Franco, la mierda estaba tapá y ahora con la democracia está destapá: “Pero es la misma mierda”, sentenciaba poco antes de aclarar que era mejor que estuviese destapada porque así se sabe al menos donde huele. Y huele mucho.

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